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Extra Extra! · OCTAFONIC CERRÓ EL AÑO EN NICETO CLUB

OCTAFONIC tocó por última vez en este año la canciones de su reciente disco “Mini Buda”, en un show explosivo en Niceto Club. Te dejamos las fotos y una crónica del show para que vuelvas a vivirlo.

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In the Flow Press · Mucho más que una bandita de Jazz

El -por esta vez- octeto pisó por tercera vez el suelo de Niceto Club, trayendo su nuevo trabajo “Mini Buda” nuevamente hacia Capital Federal.

En el último tiempo pude darme cuenta que tendemos a diferenciar la música y a apreciarla de distintas formas, pero en sí, casi siempre con los mismos criterios básicos. En el (ya no tan) pequeño mundo de la música emergente, el que se acerca a una banda y se hace asiduo a ella es porque le transmite algo, si no ¿quién seguiría a un par de personas que gozan de tocar solamente porque sí? Hace unos dos años, el nombre de Octafonic comenzaba a resonar en mí después de ver por un largo tiempo que los nombraban en más de un sitio.

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Basta de Todo · OCTAFONIC EN la Metro 951

El MIÉRCOLES 26 de Octubre estuvimos charlando y tocando un par de temas en @bastatodo por @metro951. Gracias @bastatodo @metroliveok @metro951 por la invitación y buenisima onda!
Gracias @gpedernera por sumar tu talento y sudor! Y por último pero no menos importante, gracias a todos por el hermoso aguante virtual! 2016_basta-de-todo


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12.11.16 Octafonic despide el año @ NICETO

Último concierto de este movidísimo año, presentando temas de nuestro nuevo disco “MINI BUDA” y los clásicos de “MONSTER”!

Ezequiel Chino Piazza (Batería), Cirilo Fernández (Bajo), Hernàn Rupolo (Guitarra eléctrica), Francisco Huici (Saxo barítono), Leo Paganini (Saxo tenor) y Juan Manuel Alfaro (Saxo alto), Mariano “Tano” Bonadio (Drumpad), Leo Costa (Sintetizadores).

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rockandball.com.ar · OCTAFONIC EN VORTERIX: ¡A MOVERSE, QUE LO DEMÁS ES NANA NANA!

Solo han pasado tres meses desde que Octafonic mató al monstruo en Niceto Club, sin embargo, la convocatoria que generó la presentación de “Mini Buda” en la esquina de Lacroze y Álvarez Thomas resultó avasallante.

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El bullicio es constante. La sensación de espera enerva los sentidos y los minutos volviéndose cada vez más y más elásticos tampoco ayudan. El flujo de público es incesante desde la entrada del Teatro Vorterix pero, fuera de un escenario casi sumido en la penumbra y con el que pareciera ser un muro de telarañas azules detrás del set de batería y pequeños bloques de hielo distribuidos por todo el escenario, poco se puede anticipar sobre esta presentación de Octafonic.

Las inquietantes preguntas no tardan en aparecer: sobre si los nueve temas del disco que hoy los convoca a todos, Mini Buda, serán tocados uno detrás del otro desde el principio o si aparecerán resabios de Monster(2014) para alegrar a la camada que acompaña a la banda desde el comienzo o si simplemente, el monstruobrillará por su ausencia.

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En el centro del escenario, un sintetizador y un micrófono aguardan pacientemente por Nicolás Sorín (voz principal del conjunto) y el público grita ¡vamos! cuándo ve ingresar a nueve figuras que portan túnicas negras sin mangas y hasta la rodilla. Está todo listo y hay mucho en juego: a la derecha de Sorín, Hernán Rupolo carga con su Stratocaster parcialmente quemada y, en el extremo opuesto, Chibi Fernández le da la bienvenida al público con una sonrisa de oreja a oreja, casi tan grande como su bajo.

Todo lo que una persona de seguridad podría decirte al entrar a un show, te lo reproduce Welcome to life; un saludo a todos los tickets que vinieron a disfrutar de la efervescencia de la banda, que se encuentra iluminada frenéticamente. Los nueve de Octafonic y el público se empiezan a mover y el ambiente se torna caliente conforme la canción avanza. Los flashes quedan desplazados y suena Mistifying, para dejar que la temperatura aumente. ¿Te acordás cuando teníamos que empujar a la gente en Niceto para que se moviera?, le comenta una amiga a la otra. El baile no se detiene hasta pasadas las 23:00; lo demás, es solo un recuerdo difuso.

Con una pandereta en la mano, Sorín canta “Nuestro miedo crea un Dios” para cerrar God. La complicidad sobre el escenario de Rupolo y Chibi Fernández los convierte en la dupla insignia para llevar a cabo Plastic, en la cual el Tano Bonadio toma al toro por las astas y, desde el micrófono central, enaltece el pogo.

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La patada encarecida en Love será compensada en breve. Mientras tanto, la espectacularidad del Chino Piazza es visible y audible: sus dos pies trabajan en conjunto para marcar la tierra y las semicorcheas, las que, acompañadas por los fieles saxos de Leo Paganini, Francisco Huici y Juan Manuel Alfaro, hacen una versión igual o mejor al disco. La atmósfera toma el tinte misterioso que Octafonic alardea desde temprano y Mini Buda estalla para aportar esa oscuridad metalizada, ese trance hipnótico; una persecución simulada por la batería incansable de Piazza, en medio de los confusos alaridos disonantes de Sorín.

Las Wheels no dejan de rodar y, luego de su marcha, dejan a Hernán Rupolo sentado en una silla. El hombre con las seis cuerdas dice “vamos a ver si sale” y, al mejor estilo Stevie Ray Vaughan, se roba los aplausos del público con un solo que roba el aliento. El grupo aprovechó el interludio propuesto para cambiarse las túnicas por los trajes (uno de los símbolos de Monster) y así usar las notas del guitarrista como una antesala de la cómica y fresca Nana Nana.

“Qué difícil que es este tema… a pesar de que es 4×4” y Sorín se ríe de sí mismo luego de mezclar algunos segmentos de la lírica de TV antes de finalizarla. Es el turno de la pieza central del anterior disco deOctafonic y “Yo sé, que a la mañana siguiente, te convertís en un monstruo”. El tenebroso Monster asusta a la mayoría de los músicos sobre el escenario, que huyen despavoridos y dejan al Chino Piazza solo y a su suerte. Con agarres tradicionales y jazzeros, se convierte en el eco que retumba a lo largo y ancho de todo elTeatro Vorterix por varios minutos.

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Tano Bonadio, el arengador por excelencia, dirige las palmas del público a su gusto durante el cierre de I’m Sorry. Los momentos previos a la conclusión de este set toman la forma de Sativa y Over. El grito desgarrador de Lula Bertoldi (esposa de Nicolás Sorín) y el “No hay tiempo para pensar en quiénes somos” son algunas de las piñas en la cara que forman parte de Slow Down.

Octafonic desaparece en medio de aplausos para que, minutos más tarde, a su cantante principal lo iluminen blancos reflectores y se encargue de That’s OK. Dicen que “la olla” es propiedad del metal, pero What les responde “¡No te atrevas a mentirme en la cara!”. El final del recital es enérgico, vital y una invitación asegurada para repetir la experiencia. El trance, la risa, el coqueteo y la técnica. Con estos muchachos, se arma un buen baile. Lo demás… es Nana Nana.

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In the Flow Press · NO TIME TO SLOW DOWN: OCTAFONIC EN VORTERIX

El viernes pasado, Octafonic presentó su segundo disco “Mini Buda” ante un Teatro Vorterix repleto.

Existen pocas palabras que puedan describir, al menos de mi parte, lo que es Octafonic. La banda nace en 2013, casi como un accidente, y desde entonces, el experimento a cargo de Nicolás Sorín (voz y sintetizadores), el cerebro detrás de todo, no paró de crecer. En 2013 dieron a luz al primogénito “Monster”, donde lograron captar perfectamente y casi de manera natural la fusión que surge entre quienes componen la banda.

El noneto con nombre de octeto deslumbró y con ese primer trabajo lograron arrasar con todo lo que se propusieron. Desde llenar los escenarios de más renombre de Capital tales como La Trastienda y Niceto Club, hasta ganar un Gardel por mejor artista nuevo y otro por mejor álbum de pop/rock alternativo.

A mitad de este año llegó el anuncio tan esperado, el nuevo disco, “Mini Buda” (cuyo nombre había sido adelantado en la despedida del primero, un mes antes) se estrenaría a mitad de julio y sería presentado un mes después, en lo que sería para ellos su primer paso por el Teatro Vorterix.

La ansiedad aumentaba cada vez más, y la salida a la luz del segundo trabajo sólo hizo que se incremente. En la noche del viernes, todo esto se hizo más que evidente.

La cita estaba anunciada para las 20.00, horario en el que se dieron puertas y, desde ese horario ya en el interior del local se encontraba gran cantidad de público.

El lugar parecía sentarles de maravilla, una hora antes de que comenzara el espectáculo ya buena parte del recinto de Colegiales se encontraba repleto, todos aguardando el comienzo del show.

Desde abajo la música ambientaba pacíficamente, mientras que se apreciaba como el armado del escenario estaba compuesto por unos tules que simulaban ser telarañas hacia el fondo del lugar. Así siguieron transcurriendo los minutos, hasta que apenas pasadas las 21.30, sin ningún tipo de antelación, sin siquiera el telón cerrado y con la música de fondo que ni siquiera había cesado, los nueve se posicionaron en sus lugares, las luces bajaron y los gritos aclamando a los recién llegados no se hicieron esperar.

Apenas unos segundos de silencio, y comienza, sí, la que todos esperábamos: ‘Welcome to Life’, la misma que abre la placa.

Esto álbum habla de Dios, de la vida y de la muerte” nos había adelantado Sorín apenas un mes antes en una escucha exclusiva.

‘Mistifying’, ‘God’ y ‘Plastic’ fue el trío elegido para escucharse luego, haciendo intercalar sus canciones entre ambos trabajos. Cabe destacar que en esta última lo que sorprendió fue la gente. Octafonic es un grupo cuyo público puede ser encasillado más bien de espectador, pero, claramente, al igual que el grupo, las etiquetas no son lo suyo, porque el último corte de difusión de Monster los puso a todos a saltar en el centro del lugar, acompañado el tempo de la canción al ritmo del pogo.

Sin dejar de pasearse entre las piezas de ambos trabajos, no dejaron de sorprender un minuto por el sonido asentaron que demostraron a lo largo de la noche, así como también por el destacado juego de luces. Un público encendido a la par de los nueve arriba que acompañaban perfectamente.

Recién en el décimo tema, un Rupolo prendido fuego deslumbró con el momento que todos esperan, el solo de ‘Monster’, el clásico del grupo, que dio lugar a una doble joyita dentro del mismo: un solo de batería del Chino Piazza que dio cátedra, demostrando que Octafonic está siempre un escalón más arriba.

Entre risas por intercambios con el público, llegó ‘Slow Down’, uno de los puntos altos del disco, que en vivo no fue menos y además vino con sorpresa: hacia el final el grito que varios habían quedado esperando en ‘Wheels’, Lula Bertoldi, subió a deleitar junto al grupo e hizo delirar a todos.

Después de un amague y de despedirse y volver, una versión casi a capela de ‘That’s ok’, la nueva balada del noneto, conmovió a algunos, pero el clima cambió inmediatamente para un final bien arriba. ‘What?’ dejó a todos delirando ante un riff pegadizo, una canción que pasea por todos los costados de Octafonic, desde lo bizarro con un “¡CHINGA LA MADRE!” repetido con fuerza en el estribillo, hasta una fuerza arrolladora en el final, tal cual todo el espectáculo, y así, coronaron de manera más que exitosa esta presentación.

Octafonic demostró una vez que esta bandita de jazz no tiene límites establecidos de ningún tipo.

Crónica por Laila Mason
Fotografías por Nadia Rojek


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Ukelelo.com · Reseña presentación “Mini Buda” en Vorterix

Demás está decir que OCTAFONIC se ha convertido en una de las mejores bandas de la escena nacional. Lo he repetido una y mil veces, aparte de que ya es mas que notorio, que su música me gusta mucho. No solo ofrecen música de la ostia, sino que nada está librado en OCTAFONIC: La estética, la interpretación, la selección de temas, todo está pensado para lograr un éxito rotundo, y que el público que los va a ver se vuelva a su casa con la cabeza explotada, y con muchas ganas de mas.

Esto mismo, fue lo que sucedió el Viernes, en VORTERIX, cuando OCTAFONIC presentó su tan alabado nuevo CD MINI BUDA. Nadie puede negar, que los 9, una vez que pisan el escenario se convierten en dinamita pura. Sorín es el front man que todos deberían tomar como ejemplo: contagia, vibra, se expande por el escenario y se su voz, sus melodías, se meten en el torrente sanguíneo de quienes lo observan, haciéndolos parte de la psicodelia Sorín que te hace volar lejos y te deja vibrando por un tiempo extenso, aún cuando el show se terminó.

Cirilo Fernandez, Chino Piazza, Hernan Rupolo, son la tríada que empuja y hace estallar a OCTAFONIC. Cada uno a cargo de su instrumento logra una fuerza sin precedentes, como pude observarse en el tema SLOW DOWN (que contó con la participación de la genial Lula Bertoldi), el cual hizo que VORTERIX se encendiera y el público enloqueciera de satisfacción con una melodía perfectamente ejecutada y llena de rock.

Hernan Rupolo tuvo su momento intimista, retrospectivo, con su solo que fue encantando al público que lo escuchaba atento, con un enorme respeto, porque Rupolo, en su virtuosismo, genera justamente eso: Un enorme respeto por parte del público que sabe que gente como él, musicalmente hablando, son algo extraordinario, y poder verlo hacer lo suyo es casi un privilegio.

El Tano Bonadio llevó el público, como solo él sabe hacerlo: Bailó, festejó, elevó y mantuvo el nivel de energía alto, porque bajar en una noche como el viernes, podría ser considerado pecado capital.

El set list de la noche fue:

  • Welcome To Life
  • Misty
  • God
  • Plastic
  • Love
  • Mini Buda
  • Wheels
  • Nana nana
  • Tv
  • Sorry
  • Sativa
  • Over
  • Slow Down
  • That’s Ok
  • What

Este set list, mas la puesta en escena, la química y energía Octafonic, las luces, y el público, harán del 19 de Agosto, la noche en que se recordará como la noche en que Octafonic, marcó su despegue definitivo, para demostrarnos que en genialidad, talento y excelencia musical, no hay límites.