0

Rolling Stone · Nicolás Sorín

Entre grupos de fusión y bandas de sonido, el lider de Octafonic busca el pulso primal de la música.

Sorín Siente que está recuperando el tiempo perdido Después de una década de formación académica en el exterior. el músico de 38 años se consolidó en la escena local como uno de los músicos y productores más calificados y nutridos de su generación. ya sea al frente de su banda mutante Octafonic, como la banda de jazz fusión Fernández 4.
“’Yo sé que la música que hago es bastante compleja. pero trato de que no sea tan difícil de escuchar”.
dice. “Todavía ex:ste un público curioso con ganas de probar cosas menos obvias.”
Hijo del cineasta Cartes Sorin Nicolás creció escuchando punk y música clásica hasta que al terminar secundaria viajó a Estados Unidos para estudiar en Berklee donde se interiorizó en el jazz y la música
Desde su exilio trabajó con figuras como Miguel Bosé, Shakira y Juanes. y también empezó […]

 

 


0

lanacion.com · Octafonic y un viaje sonoro que sobrevuela géneros y latitudes

Nicolás Sorín, director musical del octeto, cuenta pasado, presente y futuro de esta rara avis rockera de la escena.

LA NACION 31-03-17

budista con megáfono pide a gritos redención y otro saca dinero de un cajero automático. Podría ser un verso de una canción de Divididos, pero es una de las imágenes que le impactaron a Nicolás Sorín en sus vacaciones en Tailandia y que lo inspiraron conceptualmente para componer el segundo álbum de Octafonic, Mini Buda. “Es un disco bastante oscuro, que habla sobre la muerte y sobre dios, pero también sobre la vida”, dice el músico, en referencia a que durante el viaje a Tailandia, su pareja -Lula Bertoldi, cantante del grupo Eruca Sativa- estaba embarazada de tres meses.

De una u otra manera, los viajes han marcado a fuego la música de Sorín. Desde aquel vuelo iniciático a Boston para estudiar composición clásica en Berklee con apenas 17 años hasta esta travesía inspiradora por el sudeste asiático que devino en una de las sorpresas discográficas del año pasado, pasando por su estadía en España como arreglador de Miguel Bosé, en lo que él mismo define como una suerte de “maestría en pop”.

“A los 13 años ya soñaba con ir a Berklee. Para mí, era como ir a Disney”, dice. “Yo venía haciendo punk, y cuando llegué estaban todos los muchachos tocando serios. No fue fácil, pero rescato haber respirado música 24 horas por día. Fueron cinco años de mucha información, porque estudié tres carreras: composición de jazz, de música clásica y música para películas.”

De allí, Sorín -hijo del cineasta argentino Carlos Sorín- se instaló dos años en Nueva York con el objetivo de “desintoxicarse” un poco de la música, hasta que Miguel Bosé recurrió a él para que le hiciera unos arreglos orquestales y viajó a Madrid. “Terminé tocando con él tres años. Fue como el antimáster, porque yo venía de música dodecafónica, del esnobismo de la academia, y con él fue un contraste absoluto, porque de repente veías que el chabón estaba cantando y movía el culo y la gente se volvía loca. ¡No era el do sostenido, era el culo del quía! A partir de ahí traté de conjugar esos dos mundos: el clásico y el pop.”

A su regreso a Buenos Aires, Sorín armó el Sorín Octeto, con una impronta jazzera y músicos de la escena del jazz (“Pipi” Piazzolla incluido), pero que también se nutría del espíritu rockero. Hasta que, en 2013, formó Octafonic, otro octeto compuesto por músicos virtuosos, pero ya con los pies bien metidos en las aguas del rock.

-El octeto parece que te sienta bien, sea la música que sea, ¿por qué lo elegís como formato?

-Porque me gusta esconderme detrás de muchos músicos, me siento muy vulnerable en un trío. Quizá sea porque como performer tampoco he estudiado ocho horas por día. Soy más compositor que otra cosa. Además, ocho músicos no llegan a ser una orquesta, sigue prevaleciendo la individualidad de cada uno. En una orquesta eso no sucede. Este número te permite tener las individualidades y a la vez tener un sonido en masa.

-¿Cuál es para vos la diferencia entre dirigir una orquesta y dirigir una banda de rock?

-Creo que depende más de la geografía. Acá hay una cuestión latina que no se puede evitar, toques lo que toques, porque por ahí en Europa si le decís algo a un músico, se queda callado y acepta. Pero bueno, acá existe también una relación con los músicos que en el octeto en Nueva York no pasaba. Tener músicos en la banda es como tener novias. Acá todo es más italiano, más caótico. Lo que intento es aprovechar ese caos y que cada show sea como una película de Fellini, como que está controlado pero no, siempre algo imprevisible puede pasar.

La semana próxima, Octafonic -que completan Hernán Rupolo en guitarra, Cirilo Fernández en bajo, Ezequiel Piazza en batería, Mariano Bonadío en teclados y drum-pad y Leo Paganini, Francisco Huici y Juan Manuel Alfaro en vientos- volverá a presentarse en Niceto Club, con las canciones de Mini Buda como eje, pero con la libertad musical que los caracteriza y que los convierte en una rara avis de la escena local.

“Si bien por la música que hacemos parece que improvisamos mucho, la improvisación en sí pasa por lugares más chicos, está más restringida. La música de Octafonic es compleja para ensamblar, pero tratamos de que sea fácil de escuchar. Lo que intentamos es lograr cierta tranquilidad y flexibilidad dentro de algo que es cronometrado, como si fuera una especie de reloj suizo, en el que hay dos o tres ritmos a la vez.”

Para agendar

Octafonic

Sábado 8 de abril, Niceto Club, Niceto Vega 5510. A las 21

Del jazz al rock y del rock a la electrónica

Una banda inquieta, en busca de un sonido siempre en movimiento

Sorín asegura que cuando Octafonic grabó su primer álbum, Monster (2014), no sabía hacia dónde iba a ir el proyecto. “Veníamos del jazz y decidimos dejar que las canciones tuvieran su autonomía, sin buscar ningún tipo de sonido”, asegura el músico. Pero con la llegada de Mini Buda, la cosa cambió: “Nos dimos cuenta de que no éramos una banda de jazz y con el ingreso de Rupolo en guitarra fue como que su mano derecha nos dictó el camino sonoro y se puso más rockero todo. Siempre que se suma alguien a la banda le da otros colores y tintes. Ahora, para el tercer disco, probablemente vayamos hacia otro lugar otra vez, quizás algo más electrónico, algo más dance”.

Ver Nota


0

Rawpowerweb.com · Octafonic en Niceto Club

El pasado sábado 12 de Noviembre la banda encabezada por Nicolas Sorín se presentó en el mítico club de la calle Niceto, en lo que sería el cierre del año de la banda. Una banda que crece show tras show a pasos agigantados, siempre con una fusión de sonidos fuertes y con mucho profesionalismo.

Ver Nota


0

Extra Extra! · OCTAFONIC CERRÓ EL AÑO EN NICETO CLUB

OCTAFONIC tocó por última vez en este año la canciones de su reciente disco “Mini Buda”, en un show explosivo en Niceto Club. Te dejamos las fotos y una crónica del show para que vuelvas a vivirlo.

Ver Nota

 


0

In the Flow Press · Mucho más que una bandita de Jazz

El -por esta vez- octeto pisó por tercera vez el suelo de Niceto Club, trayendo su nuevo trabajo “Mini Buda” nuevamente hacia Capital Federal.

En el último tiempo pude darme cuenta que tendemos a diferenciar la música y a apreciarla de distintas formas, pero en sí, casi siempre con los mismos criterios básicos. En el (ya no tan) pequeño mundo de la música emergente, el que se acerca a una banda y se hace asiduo a ella es porque le transmite algo, si no ¿quién seguiría a un par de personas que gozan de tocar solamente porque sí? Hace unos dos años, el nombre de Octafonic comenzaba a resonar en mí después de ver por un largo tiempo que los nombraban en más de un sitio.

Ver Nota



0

Basta de Todo · OCTAFONIC EN la Metro 951

El MIÉRCOLES 26 de Octubre estuvimos charlando y tocando un par de temas en @bastatodo por @metro951. Gracias @bastatodo @metroliveok @metro951 por la invitación y buenisima onda!
Gracias @gpedernera por sumar tu talento y sudor! Y por último pero no menos importante, gracias a todos por el hermoso aguante virtual! 2016_basta-de-todo


0

rockandball.com.ar · OCTAFONIC EN VORTERIX: ¡A MOVERSE, QUE LO DEMÁS ES NANA NANA!

Solo han pasado tres meses desde que Octafonic mató al monstruo en Niceto Club, sin embargo, la convocatoria que generó la presentación de “Mini Buda” en la esquina de Lacroze y Álvarez Thomas resultó avasallante.

Octafonic_Voterix_SofiaPedraza-03

El bullicio es constante. La sensación de espera enerva los sentidos y los minutos volviéndose cada vez más y más elásticos tampoco ayudan. El flujo de público es incesante desde la entrada del Teatro Vorterix pero, fuera de un escenario casi sumido en la penumbra y con el que pareciera ser un muro de telarañas azules detrás del set de batería y pequeños bloques de hielo distribuidos por todo el escenario, poco se puede anticipar sobre esta presentación de Octafonic.

Las inquietantes preguntas no tardan en aparecer: sobre si los nueve temas del disco que hoy los convoca a todos, Mini Buda, serán tocados uno detrás del otro desde el principio o si aparecerán resabios de Monster(2014) para alegrar a la camada que acompaña a la banda desde el comienzo o si simplemente, el monstruobrillará por su ausencia.

Octafonic_Voterix_SofiaPedraza-5

En el centro del escenario, un sintetizador y un micrófono aguardan pacientemente por Nicolás Sorín (voz principal del conjunto) y el público grita ¡vamos! cuándo ve ingresar a nueve figuras que portan túnicas negras sin mangas y hasta la rodilla. Está todo listo y hay mucho en juego: a la derecha de Sorín, Hernán Rupolo carga con su Stratocaster parcialmente quemada y, en el extremo opuesto, Chibi Fernández le da la bienvenida al público con una sonrisa de oreja a oreja, casi tan grande como su bajo.

Todo lo que una persona de seguridad podría decirte al entrar a un show, te lo reproduce Welcome to life; un saludo a todos los tickets que vinieron a disfrutar de la efervescencia de la banda, que se encuentra iluminada frenéticamente. Los nueve de Octafonic y el público se empiezan a mover y el ambiente se torna caliente conforme la canción avanza. Los flashes quedan desplazados y suena Mistifying, para dejar que la temperatura aumente. ¿Te acordás cuando teníamos que empujar a la gente en Niceto para que se moviera?, le comenta una amiga a la otra. El baile no se detiene hasta pasadas las 23:00; lo demás, es solo un recuerdo difuso.

Con una pandereta en la mano, Sorín canta “Nuestro miedo crea un Dios” para cerrar God. La complicidad sobre el escenario de Rupolo y Chibi Fernández los convierte en la dupla insignia para llevar a cabo Plastic, en la cual el Tano Bonadio toma al toro por las astas y, desde el micrófono central, enaltece el pogo.

Octafonic_Voterix_SofiaPedraza-15

La patada encarecida en Love será compensada en breve. Mientras tanto, la espectacularidad del Chino Piazza es visible y audible: sus dos pies trabajan en conjunto para marcar la tierra y las semicorcheas, las que, acompañadas por los fieles saxos de Leo Paganini, Francisco Huici y Juan Manuel Alfaro, hacen una versión igual o mejor al disco. La atmósfera toma el tinte misterioso que Octafonic alardea desde temprano y Mini Buda estalla para aportar esa oscuridad metalizada, ese trance hipnótico; una persecución simulada por la batería incansable de Piazza, en medio de los confusos alaridos disonantes de Sorín.

Las Wheels no dejan de rodar y, luego de su marcha, dejan a Hernán Rupolo sentado en una silla. El hombre con las seis cuerdas dice “vamos a ver si sale” y, al mejor estilo Stevie Ray Vaughan, se roba los aplausos del público con un solo que roba el aliento. El grupo aprovechó el interludio propuesto para cambiarse las túnicas por los trajes (uno de los símbolos de Monster) y así usar las notas del guitarrista como una antesala de la cómica y fresca Nana Nana.

“Qué difícil que es este tema… a pesar de que es 4×4” y Sorín se ríe de sí mismo luego de mezclar algunos segmentos de la lírica de TV antes de finalizarla. Es el turno de la pieza central del anterior disco deOctafonic y “Yo sé, que a la mañana siguiente, te convertís en un monstruo”. El tenebroso Monster asusta a la mayoría de los músicos sobre el escenario, que huyen despavoridos y dejan al Chino Piazza solo y a su suerte. Con agarres tradicionales y jazzeros, se convierte en el eco que retumba a lo largo y ancho de todo elTeatro Vorterix por varios minutos.

Octafonic_Voterix_SofiaPedraza-38

Tano Bonadio, el arengador por excelencia, dirige las palmas del público a su gusto durante el cierre de I’m Sorry. Los momentos previos a la conclusión de este set toman la forma de Sativa y Over. El grito desgarrador de Lula Bertoldi (esposa de Nicolás Sorín) y el “No hay tiempo para pensar en quiénes somos” son algunas de las piñas en la cara que forman parte de Slow Down.

Octafonic desaparece en medio de aplausos para que, minutos más tarde, a su cantante principal lo iluminen blancos reflectores y se encargue de That’s OK. Dicen que “la olla” es propiedad del metal, pero What les responde “¡No te atrevas a mentirme en la cara!”. El final del recital es enérgico, vital y una invitación asegurada para repetir la experiencia. El trance, la risa, el coqueteo y la técnica. Con estos muchachos, se arma un buen baile. Lo demás… es Nana Nana.

Ver Link