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OCTAFONIC Presenta su primer disco “Monster”

Danilo | Acá pasan cosas
 

La osadía musical más rockera del jazz y más jazzera del rock

Monster es el primer material discográfico de la banda comandada por Nicolás Sorín (composición, voz y sintetizador), un artista que se desarrolla en diversos ámbitos como el punk rock, la dirección orquestal, la musicalización de películas, y el jazz.

El octeto nacido en 2013, se completa con músicos ya consagrados dentro de la escena musical y también del circuito jazzístico de perfil no ortodoxo: Ezequiel Chino Piazza (Batería), Cirilo Fernández  (Bajo), Pedro Rossi  (Guitarra eléctrica), Esteban Sehinkman (Wurlitzer), Francisco Huici  (Saxo barítono), Leo Paganini (Saxo tenor) y Juan Manuel Alfaro (Saxo alto).

 

El disco de 11 tracks fue producido por Mariano Bonadío, Juan Armani y Nicolás Sorín y grabado, mezclado y masterizado en MCL Records por Juan Armani y Lucas Gómez.

Monster” dispara eclecticismos por doquier, que incluso harían saltar de su silla al mas conservador, y afortunadamente esa es la tarea (implícita) de esta banda: desdibujar y correr los límites de lo nacional y lo internacional, de los estilos y las nomenclaturas.

 

  • Sobre OCTAFONIC:

El valor artístico de la banda radica en el talento y simbiosis de sus integrantes y en el amplio espectro de sutilezas compositivas.

OCTAFONIC tiene la particularidad de utilizar las técnicas y la instrumentación del jazz sobre un componente electo-rocker.

Estos músicos se unieron en un potente octeto aggiornado al sonido moderno, con shows en vivo en diferentes escenarios ligados tanto al rock como al jazz(Niceto Club, Boris Club, Virasoro Bar,  Bebop Club,  Usina del Arte y Teatro de la Media Legua, entre otros).

 

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El jazz más allá del jazz

Eduardo Slusarczuk | Clarin.com
 

En el marco de la programación de jazz de La Usina del Arte, la noche de hoy estará dedicada a las propuestas lideradas por marco Sanguinetti (Cuarteto) y Nicolás Sorín (Octafonic), y la del próximo sábado a las encabezadas por Cirilo Fernández (Fernández 4) y Esteban Sehinkman (ES4).

Las cuatro, partes integrantes del colectivo No-Jazz Collective, creado, según Sanguinetti, a partir de “la coincidente sensación de estar haciendo -cada uno con su propia identidad- algo muy difícil de catalogar; con la consecuente dificultad para encontrar lugares en los que poder tocarlo”.

“Estamos en un purgatorio musical”, grafica Sorín; una situación que, aclara, tiene su lado malo -“al no poder rotular lo que hacemos, cuesta explicarlo”-, pero también su costado favorable. “No estar catalogado bajo un determinado rótulo te da ciertas ventajas”, dice; y agrega: “Podemos ser irreverentes, en el sentido salirnos de la caja. Sin por eso decir que lo que está dentro sea malo.”

A propósito, hace unos días, Javier Malosetti dijo que No-Jazz es más jazz que la mierda.

Los cuatro: Es verdad.

Sorín: El jazz es una constante guerra de estilos. Al swing le apareció el bop; al bop el hard. Creo que todo el tiempo se están metiendo el dedo en el culo para tratar de salirse de caja. El jazz es eso. Es tratar de decir no a lo viejo.

Fernández: Lo interesante es que más allá de ese intento, nosotros arrancamos tocando en clubes de jazz. No arrancamos en el No-jazz. Y lo que hacemos, desde la actitud, ese esencialmente jazzero.

Sorín: No se trata de plantar bandera de tal o cual estilo; cada uno está en un camino musical; y el hecho de decir ‘no-jazz’ es una manera de sacarle peso a la cosa. Es como un ‘fuck you’, un pequeño guiño de ojo punk hacia toda esta cosa de los géneros. A mí no me interesa el estilo; me interesa que la cosa esté bien.

Sanguinetti: No debe ser tomado como algo irrespetuoso. Reconocemos la muy buena música que hacen muchos tipos abocados al jazz, y de ningún modo esto pone en duda nuestro amor por esa música.

Sehinkman: Es una posición optimista; de pensar cómo se revive la música que nos interesa hacer. Si no, de otra manera, el jazz está un poco muerto. En ese punto, en No-jazz también se abre cierta especie de pregunta.

Sanguinetti: Es que parece inevitable caer en esto de encasillar si es bailable o no, si tiene letra, si es más o menos rockero, o si es eléctrico o acústico. Y creo que a todos esos conceptos hay que pensar en pegarles una trompada, y permitirse pensar en cómo es la música, desde la libertad más pura posible. Sin que importe qué cosa es.

 

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