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CLARIN.COM · Octafonic “Somos una banda con ausencia de géneros”.

“Octafonic es una especie de accidente fortuito. Creo que a todos nos pasa lo mismo: Si no, no tocaríamos en la banda. Es cierto que algunos vienen del jazz, otros de la electrónica y varios del rock, pero todos somos unos curiosos insoportables, que no nos conformamos y estamos en una búsqueda constante. Por eso siempre digo que Octafonic es lo que es por la gente que está en la banda. No es que si yo llevo esta música a otro lado va a ser lo mismo. Si Octafonic se armó y consolidó en tan poco tiempo, es por esa variedad y esa combinación de personalidades.” Así de claro, Nicolás Sorín define al monstruo que creó tres años atrás, que entre su primer álbum, Monster (2014), y su flamante Mini Buda, que presentan esta noche en Vorterix, mutó de la idea original jazzera que motorizó su formación a una potente maquinaria de rock.

Habrá que agregar, además, que el plan inicial de octeto cambió a noneto, a partir de la incorporación definitiva del guitarrista Hernán Rúpolo; que los espacios en los que tocan van aumentando de tamaño a medida que el público que los va a escuchar y ver obliga a hacerlo -y obliga bastante-; y que el sonido del nuevo trabajo consolida su originalidad.

“Somos una banda que siempre llamó la atención. Eso genera odio y amor; pero nunca intrascendencia. Y el crecimiento de esos sentimientos se da por igual de uno y otro lado, y nos encanta ver un dedo para abajo en las redes”, dice Rúpolo, socio de Sorín en la charla con Clarín. Y sigue: “Lo que hacemos es inclasificable, y muy fresco. No se nos ocurriría buscar una fórmula que funcione, para después repetirla.” “La antifórmula genera un estilo. Si querés saber qué hacemos, vení a vernos. Somos una banda con ausencia de géneros. Hacemos tantos guiños que confunde un poco, y esa es la idea. Nadie lleva la bandera de género”, agrega Sorín.

Eximidos ya de explicar por qué prefieren el inglés al castellano a la hora de cantar -”a veces alguno todavía pregunta”, admiten-, el líder de Octafonic apunta a la intención de lo que hacen. “Creo que en la música se dice demasiado, a veces. La música es un arte abstracto; por lo tanto tiene millones de interpretaciones. Me gusta que cada uno escuche diferentes cosas en la misma canción, y que la misma persona escuche cosas distintas cada vez. Eso es lo que hace de la música una herramienta para amasar emociones.”

¿Los sorprendió el crecimiento de la banda, en un ámbito en el que la abstracción no es lo que más vende?

Rúpolo: No. Yo venía viendo lo que pasaba con el público. La oreja de los escuchas cambió; está más amplia. Y de a poco también se van diluyendo los credos, salvo para los que se mantienen ortodoxos.

¿Vos decís que se van a acabar las “misas” en el rock?

Rúpolo: Creo que se están acabando. Hoy vas a un recital de metal, de pop o de rock, y ves remeras de cualquier banda o solista.

Sorín: Mucho tiene que ver Internet en ese cambio. Lo mismo pasa con los músicos. Uno se pregunta qué le pusieron al Nestum. Nada; sólo que todos tienen acceso a muchas herramientas e información. Antes las teníamos que ir a buscar no sé dónde. Ahora las tenés ahí.

Mini Buda

Máxima potencia

Nueve temas en los que el jazz, la electrónica y el rock confluyen en una sonoridad, en la que las voces son un instrumento que se suma a los teclados de Sorín, el bajo de Cirilo Fernández, la batería de Ezequiel Piazza, la guitarra de Rúpolo, los vientos de Juan Alfaro, Francisco Huici y Leonardo Paganini y la percusión de Mariano Bonadío.

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