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Esquinarockweb.com · El octeto sin techo

La banda de Nicolás Sorín llenó Vorterix en la presentación de ‘Mini Buda’, el último engendro musical de un monstruo que no para de crecer.

(Viernes 19 de agosto / Teatro Vorterix) La noche acontecía un poco más fresca que sus predecesoras. En el cruce de las avenidas Álvarez Thomas y Federico Lacroze se encontraban aquellos que pensaron que trajeron un abrigo de más y quines no llevaron el suficiente. En esta inconsistencia, había algo que estaba totalmente claro: Octafonic se iba a presentar por primera vez en aquel teatro que suele tener de actores principales a bandas que están intentando dar el salto. Las puertas del lugar hablaban de que el objetivo, se estaba cumpliendo.

Las pantallas gigantes ubicadas detrás de las plateas transmiten la previa de lo que empezaría a ocurrir pasada la media hora de las nueve de la noche. La radio que auspicia el lugar, no se privó de reproducir via streaming todo el show, que por cierto comenzó con todos sus integrantes bajo una especie de capa negra con capucha.Welcome To Life abrió el show, de la misma manera que inicia su flamante último disco.

Nico Sorin, con su mini sintetizador en el centro de la escena, tuvo en sus extremos al guitarrista Hernan Rupolo y al bajista Cirilo Fernández. Por detrás, la batería ejecutada por Ezequiel Piazza. A su izquierda posaban los vientos (Francisco Huici, Leo Paganini y Juan Manuel Alfaro), mientras que a su derecha se ubicaron el percusionista Mariano Bonadio y el tecladista Esteban Sehikman. Octafonic tenía más espacio que en ocasiones anteriores, lo que permitió a su líder moverse con más libertad sobre el escenario.

El cambio y la afinidad en el público con la banda se hicieron notar desde la primera hora. Cuando Plastic, uno de los éxitos de su disco debut Monster (2014), empezó a sonar se escuchó la mini ovación de cuando se pulsa ese tema que todos quieres escuchar. Lo mismo ocurrió cuando adivinaron la inminente venida de Mini Buda”, que imitando al cantante alzaron las manos en alto, tal cual la tradicional pose budista. El primer corte del su nuevo engendro estaba teniendo el éxito que quizá no sospechaban, pero seguro buscaban.

“Esta es la última canción…del primer set”, aclaraba el líder del monstruo, para que el mini riff de Wheels ponga a su público en un grito. A su término, mientras los demás integrantes abandonaban el escenario para cumplir con la profecía, Hernan Rupolo regaló un solo de guitarra que el público recompensó con un aplauso ensordecedor. Con las capuchas dejadas de lado, los trajes se hicieron presentes para encabezar la segunda parte el show conNana Nana y TV, que dejó en claro todo el potencial que tiene Octafonic para recorrer todos los estilos y vibrar con el formato de canción que más les guste. “Es el que más nos cuesta, y eso que es el único que es 4×4”, se confesaba Sorín.

Luego de los aplausos tras la presentación de los músicos, llegó la hora de una de las piezas más esperadas de la noche: Monster, que volvió a sonar con la potencia y la prolijidad que lo ameritan, dejando más que conformes a todos con la elección del show que decidieron presenciar. Luego de un solo de batería de Piazza, el monstruo resucitó para que luego finalice con Nicolás Sorín de rodillas frente a su sintetizador para marcar el final al resto de sus camaradas.

Los aplausos coordinados con la métrica que propone I´ m sorry en su comienzo se transformaron en cantos al cielo durante el clímax del tema, que fue sin dudas unos de los más disfrutados de la noche. La Lista siguió conSativa, Over y Slow down, esta última con la intromisión de Lula Bertoldi, que terminó el tema de frente a su esposo, formando un final inigualable. El abrazo con los músicos, el correspondiente beso con su cónyuge y el aplauso del teatro entero marcaron la salida de la integrante de Eruca Sativa.

Ya como preámbulo del final, el creador de la bestia agradeció una vez más a todos los involucrados esa noche, aún sin creer como una “bandita de jazz” pudo lograr semejante repercusión. Está claro que él sabe que son mucho más que eso, y que orgullosamente está logrando su objetivo de llegar a la mayor cantidad de oídos posibles. El par That’s Ok y la inmensamente pogueda What dieron el cierre a una nueva meta batida por el octeto que no se piensa conformar.