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LA NACIÓN · Música cerebral y apasionada

Por Sebastián Ramos

No es casualidad que desde su aparición Octafonic haya llamado la atención de una escena rockera local con necesidad de oxigenación. Una banda de músicos provenientes del jazz, con sentir metalero y canciones en inglés, que pueden pasar de la ambientación al rock industrial y del funk al desenfreno electrónico sin perder su formación orquestal. Un monstruo de una cabeza (Nicolás Sorín, hijo del cineasta Carlos y mentor, compositor, cantante, tecladista y arreglador de la banda) y dieciseis brazos (a los de Sorín habrá que sumarles los de Cirilo “Chibi” Fernández -bajo y contrabajo-, Ezequiel “Chino” Piazza -batería-, Juan Manuel “Truli” Alfaro -saxos y clarinete-, Francisco Huici -saxo y banjo-, Leonardo Paganini -saxo-, Mariano “Tano” Bonadio -percusión- y Hernán Rupolo -guitarras-). Una agrupación que se mueve por fuera de los cánones establecidos para el rock argentino y que con su segundo álbum,Mini Buda, da un paso más en el camino de la consolidación de un sonido propio.

Una de las definiciones posibles de la música de Octafonic sería que se trata de música cerebral interpretada de manera sanguínea. Un poderoso combo que logra su máxima expresión (o punto de ebullición justo) en el vivo (ayer presentaron su nuevo disco en Vórterix). Pero lo cierto es que en buena parte de Mini Buda, la banda logra transmitir ese incendio sonoro en el que suelen convertirse sus shows.

Desde el robótico inicio con “Welcome To Life” hasta el nümetalero “Slow Down” que lo cierra, Mini Buda pasea por todos los estados de ánimo musicales del octeto. En nueve canciones, demuestran su versatilidad con estilo, pasando de rarezas como la canción que da nombre al álbum a melodías pop como “TV”, yendo a bailar a la disco con “Sativa”, para luego explotar en lo que bien podría ser el punto más alto con “What”, donde participó Tito Fuentes, de Molotov.

Como lo señala la portada a cargo del ilustrador Costhanzo: “Parental Advisory – Contiene letras en inglés”. “Nuestra música suena mejor en ese idioma”, se sinceran ante quien se atreva a hacer la pregunta del millón para una banda argentina que canta en inglés. “I don’t believe in Shakespeare” se ríen en la lúdica “Nana Nana”, que en apenas cuatro minutos tiende puentes y guiños entre el incrédulo John Lennon de “God”, la voraz obsesión de los Minions por las bananas, el soundsystem jamaiquino y el western festivo de frontera. Así de compleja como de divertida puede sonar la música de Octafonic.

Por eso, nuestra etiqueta de Parental Advisory es la siguiente: Escuchar sin prejuicio… y a todo volumen.

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