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Ultrabrit.com · Octafonic: La monstruosa apertura de Ciudad Emergente

por Natalia Micheluz.

No hay telón. No hay cortina musical. La terraza helada está expectante bajo un mar de gorros y bufandas. El show de Octafonic comienza étnico y rockero a las 20 con “Mini Buda”, una nueva canción que no pertenece a la celebrada ópera prima “Monster”.Cargado de una energía ansiosa, “Plastic” llega en segundo lugar. La audiencia lo festeja a pesar del frío de la noche ya entrada.

Las alianzas sonoras se construyen de forma evidente. Las solemnes teclas de Esteban Sehinkman se complementan con el roto sonido Les Paul de Hernan Rupolo. El potente golpe de Ezequiel Piazza edifica los cimientos de la canción junto a la redondez del bajo de Cirilo Fernandez. Más atrás, los saxos de Manuel Alfaro, Leonardo Paganini y Francisco Huici tejen una colorida red de sofisticación. Mariano Bonadio en percusión y altoparlante suma sus azotes precisos y no puede ocultar su diversión.

El barco es comandado por la voz áspera de Nico Sorín y el liderazgo del sintetizador que se ubica al frente con él, cual extensión de su propio cuerpo. Es este uno más de los ejemplos de que cada uno de los octafónicos está poseído por el metrónomo.

 

Parece increíble cómo pueden 9 personas entrar tan cómodamente en un escenario pequeño y no sólo eso, sino la claridad con que cada uno de los músicos se destaca sin personalismos. Es el alma misma de Octafonic, reunir todos esos monstruos en una misma escena y que ninguno pierda jamás el tempo.

Octafonic invita a un movimiento que encuentra un lugar extraño entre el baile y el headbanging. Consigue un sonido unificado y a la vez nítidamente dividido. Aún en el momento más ruidos con “Wheels”, es posible encontrar el aporte fundamental y justificado de cada instrumento. Es como si la pieza completa se formara de una infinidad de pequeñas partes, ensambladas tan cuidadosamente que es imposible enumerarlas.

La lista de temas transita, en apenas más de media hora, por el contagio inevitable de “Monster”, el romanticismo de “I’m Sorry” y la agresividad de “Over”. La suficiente oscuridad, rebeldía y volumen para encontrarse en el rock, la suficiente exigencia para absorber condimentos del jazz. Dado el currículum de cada músico, es cuestionable considerar a Octafonic dentro de una escena “emergente”. Lo único que permite que se les pegue esa etiqueta (o cualquier otra), es el producto especial que dan a luz todos juntos. En otros entornos, son nada menos que gigantes talentos individuales de la música argentina. Y ya se dijo muchas veces que la unión hace la fuerza.

 

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