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Ruckker86 · OCTAFONIC @ La Trastienda // 16.08.15

La presentación de Monster sigue abriendo camino en los escenarios más importantes de la escena emergente.

Luego de dos Roxys más que concurridos, la banda formada por Nico Sorín (voz – sintetizador), Cirilo Fernández (bajo), Hernán Rupolo (guitarra), ‘Chino’ Piazza (batería), ‘Tano’ Bonadío (percusión – megáfono), Juanma Alfaro (saxo alto), Leo Paganini (saxo tenor), Francisco Huici (saxo baritono) y Esteban Sehinkman (piano eléctrico) decidió apostar a más, presentándose ante una Trastienda repleta.

  Alrededor de las 21hs, cuando ya la mayoría de la gente estaba en el interior de La Trastienda esperando por Octafonic, con el telón bajo, se escuchaba Mini Buda como música ambiental, entre otros sonidos que hacían creer al público que el show ya estaba por comenzar, aumentando la ansiedad y “manija” de estos.
  Pasadas las 21hs, el telón desnudó la música que había comenzado a sonar, revelando a sus creadores (vestidos como monjes encapuchados), para inaugurar la tan esperada fecha entre una gran lluvia de aplausos. “Plastic” y “Love” fueron los elegidos para calentar motores para lo que venía.
  Uno de los grandes momentos de la noche, tanto emotivo como eufórico, fue la (para sorpresa de Sorín) aparición de Lula Bertoldi para el clásico grito de “Wheels”, en su vuelta a los escenarios tras casi 6 meses. Para más de uno, poder ver eso en vivo, fue sentir una gran euforia ardiendo con ímpetu internamente, esa sensación que pide a gritos ser exteriorizada con algún grito o headbanging, por ejemplo.
  La noche también tuvo como protagonistas: a los 3 saxos que se encontraban ubicados al fondo del escenario, que brindaron un sosegado solo, donde supieron complementarse entre sí, y donde también estuvo la aclaración de que el saxo baritono estaba de cumpleaños. Tuvo lugar también el gran solo de batería en el medio de “Monster”, donde la gente se mostró muy satisfecha y alegre. Y por último, pero no menos importante, el solo de guitarra antes de “Over”, que mantuvo al público atento y gritando algunos halagos.
  Si bien en la fecha se podía observar que muchos familiares de la banda estaban presenciando ese momento tan importante para todos y cada uno de los integrantes, no me pareció para menos destacar que en primera fila del lado izquierdo, aplaudiendo y observando con orgullo, se encontraba el padre de Hernán Rupolo (quien se está reinventando en el mundo de la música y adaptándose a este nuevo camino luego de la disolución de su anterior banda).
  El público se hizo más notorio y enérgico que nunca, y no era para menos, con motivo de este gran encuentro. Hubo muchos saltos, personas cantando sobre los hombros de alguien más, pogos… podría decirse que por primera vez en la historia de Octafonic, donde por lo general la gente se mueve al ritmo de la música y baila. Aunque esto último tampoco escaseó en la noche del Domingo, donde se produjo el interlude “Dance Dance Dance”, que le dio al público una gran excusa para no dejar de bailar y que también tuvo a la banda de estreno, junto con el cover (o mejor dicho la reversión) de “Happiness Is A Warm Gun” de The Beatles, que interpretaron para ir cerrando la noche luego de una hora y cuarto de show.
  Octafonic demostró que con su música y carisma puede penetrar en las emociones de su público, que en este encuentro transitó por una especie de montaña rusa: riendo y no borrando las sonrisas de sus caras (como en “Adiós” o “What?”, y cada vez que volaban serpentinas) saltando, cantando y hasta coreando al ritmo de los riff (como en “Monster”), bajando algunos cambios (como en “You Can Take” o “I’m Sorry”), y no pudiendo dejar de mover su cuerpo al ritmo de la música (como en “Mistifying”). La banda probó que su crecimiento no está reconociendo ningún tipo de techo, y que si bien Monster les trajo incontables alegrías (entre las que se encuentran los dos Premios Gardel 2015, por “mejor álbum nuevo de artista de rock” y “mejor álbum rock-pop alternativo”) a esta banda tan joven (de personas viejas, como ellos dicen), se acerca su despedida para dar comienzo a la próxima era con disco nuevo.
  Mi consejo es que, si en algún momento tienen la oportunidad de ver a Octafonic en vivo, no la derrochen por nada del mundo si les gusta la prolijidad, potencia y actitud.